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 “¡Corte de ruta y asamblea!, ¡Corte de ruta y asamblea!,

¡Que en todos lados se vea el poder de la clase obrera!.
Los mejores, los únicos, los métodos piqueteros!!!…”

Las manos de Filipi

La clase media cagando en su propio plato

Tras unos días de haberse concluido una instancia electoral, con enorme participación en todo el país, nos encontramos como ciudadanos frente a una delgada línea divisoriaentre lo real, lopalpable, popular y propio, en disputa con un aparato plástico, impuesto a fuerza de ignorancia, empacado y listo para llevar. Con tintes imperialistas e ideas retrógradas, se arremete el neoliberalismo por caminos que recorre la cultura de masas, llegando a los ciudadanos argentinos por los medios de comunicación hegemónicos.
Esta cuestión nos lleva a movilizarnos en todos los ámbitos en que podamos, desde las charlas cotidianas en los grupos de amigos, hasta las discusiones virtuales en las redes sociales. En este caso, este artículo de opinión tiene la intención de movilizar e pensamiento del lector, no con un discurso sino con herramientas reflexivas para desnaturalizar el complejo entramado del circuito de la clase media trabajadora.

 

La recuperación del Estado

La actual presidencia y un modelo de país elegido tres veces consecutivas para remontar y organizar las bases de un pueblo que hoy goza de un aparato estatal sumamente interventor en diversos ámbitos de la vida; leyes humanitarias conseguidas democráticamente, políticas estatales de promoción para los ciudadanos, tanto en educación como en trabajo, el deporte, en la vida social, asignación universal por hijo.

Un modelo que levanto las ruinas de los años 90luego de que el país cayera en la gran crisis estallada en 2001 generada y heredada de los “políticos”neoliberalistas que hoy representan la oposición, apellidos nefastos, historias en blanco y negro, que huelen a los años 70 (época de la dictadura), las ofertas de turno en manos de millonarios empresarios y medios de comunicación cuyas raíces viajan hasta américa del norte y algún que otro grupo económico extranjero.
Hoy en día, las personas que lo perdieron todo en aquella época pudieron recuperarse, volver a trabajar, acceder a bienes de consumo y servicios que le habían sido negados por el mercado de fines del siglo pasado. La mayoría de los hijos de estas personas hoy puede acceder a un derecho fundamental como la educación superior, muchos de estos jóvenes son la primera generación de sus familias en acceder a la universidad, en acceder a carreras científicas con los aportes que el Estado le brinda.

Los egresados de las universidades ya no tienen que irse del país para desarrollar su carrera científica o tener un trabajo que reconozca sus capacidades. Hoy, los organismos estatales le financian proyectos de investigación y desarrollo de la ciencia, promueven programas de inserción laboral en diversos ámbitos y se contribuye fuertemente a la continua formación.

Personas de la clase trabajadora, hoy con estudios universitarios experimenta un ascenso en la estratificación social, ahora es la clase media-alta; sus padres trabajadores sienten el orgullo de ver a sus hijos vestidos de traje, codeándose con los jefes de empresas.

La clase trabajadora, gozando de los beneficios del Estado, tiene oportunidad de acceder a bienes de consumo a los que solo accedía la clase media. La mayoría puede comprarse una motocicleta nueva (y no cualquier moto) para moverse por donde quiera sin límites de horario, pueden irse de vacaciones a los lugares donde va la clase media, puede comprar un acondicionador de aire para no “sufrir el calor” del verano.

Así las cosas, parece que todo va bien, no debería haber mayores conflictos, estamos todos felices y tenemos lo que queremos. Sin embargo, una desconformidad con lo conseguido demuestra en nuestra sociedad la carencia de solidaridad, el instinto competitivo y el hambre por la distinción cultural y de clase. A la clase media nunca le gustó “juntarse” con la clase trabajadora. Cuando la clase trabajadora llegó de vacaciones a Mar del Plata, los de clase media salieron corriendo hacia Rio de Janeiro, todo con tal de no confundirse con “la chusma”.

De esta manera creen ser un poco mejores y hasta creen esta a la altura de la clase alta. Y de la misma manera, algunos que son hijos de trabajadores, o los trabajadores mismos, parecen haber caído en un ciclo de amnesia temporal, en el que olvidan quiénes son, su condición social de clase.

Lo cierto es que el Estado interventor, presente en los diversos ámbitos de la vida, ha sido el principal motor del desarrollo de las personas. Nadie consiguió su título universitario solo, ni pudo acceder a su primer trabajo porque sus meritos lo pusieron ahí; hay un poco de eso, pero hay un circuito que lo está haciendo posible, el de la relación entre empresario y trabajador, o conocimiento y aprendiz, que están mediados por el Estado como garante.

 

Los medios de desinformación.

Nos encontramos, sin exagerar, a punto de perderlo todo. Ah sucedido lo peor!. La gente le creyó al peor enemigo del gobierno Nacional y Popular Argenitno… La corporación que maneja la mayoría de los medios de comunicación en este país llamada Grupo Clarin.

En este contexto, los medios de comunicación masiva (MCM), o como nos gusta decir entre amigos: los MMM (medios de manipulación masiva), se transforman en un actor político más. Entran a cada hogar al medio día y al finalizar la jornada laboral, se instalan en la mesa familiar, en los bares y restaurantes, difundiendo miedo, inseguridad, discursos vacios.

Se presentan como “periodismo independiente”, aunque los que los conocemos sabemos que su dependencia es hacia las corporaciones.
Las políticas de Estado de los últimos años, han dado como resultado una ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que básicamente impide la monopolización corporativa de los medios de comunicación. Sin embargo, una corporación demasiado grande como Clarín, tan grande que sobrepasa a la ley y la desacredita.

Los medios de comunicación deberían ser nuestra herramienta para la participación ciudadana. Deberían informar sobre situaciones cotidianas, que inspiren tanto la crítica como la apertura hacia la transformación social. Sin embargo terminan siendo el principal motor del miedo, la homofobia, la exclusión y división social, etc.

Así, los ciudadanos nos quedamos sin herramientas conceptuales para observar analíticamente los discursos. Ignoramos sus verdaderas propuestas políticas y compramos discursos vacios como “cambiemos” o “revolución de alegría”. Y el papel de los MCM es asociar el “cambio” con cambiar la delincuencia por la seguridad, cambiar la corrupción por honestidad; lo que no se dice cómo lo van a hacer. De esta manera, el ciudadano común ignora que el cambio implica abrir importaciones, achicar el gasto público, agrandar la brecha de la desigualdad, etc.

Lo que tenemos que entender como ciudadano, es que no estamos votando a un gobernante, a una persona. Lo que votamos es un proyecto de país, el país que nos conviene como ciudadanos de Argentina y de América Latina. Elegimos entre un estado pequeño, que permita importaciones, que reprima la movilización social, que criminalice la homosexualidad, que criminalice la drogadicción, que excluya a los pobres; o un Estado interventor, que reúna las características de todos y cada uno de nosotros, que represente al trabajador, al emprendedor, al científico, al estudiante, a la persona con capacidades diferentes, al nativo, al inmigrante.
La decisión no es demasiado difícil para quienes recordamos quiénes somos y de dónde venimos. Memoria, herencia, responsabilidad y compromiso son las cuatro patas de una mesa firme, si le quitamos una de sus patas, la mesa tambalea y finalmente se cae.

Colaboración Especial: Emma Delpech